LUCÍA REY
Centro Cultural Fund. Unicaja - 04-11-2025
Un viaje para despertar la mente
El arte musical es algo tan prodigioso que nos lleva de un concierto en el que una veintena de músicos nos hacen vibrar, a otro en el que una persona sobre el escenario es capaz de lograr el mismo efecto. Es el caso de la pianista malagueña Lucía Rey, que el pasado martes ofreció un excelente recital a piano solo en la quinta jornada de Almerijazz 2025.
A pesar de su juventud, Lucía es una pianista con un bagaje que incluye Madrid, en cuyo Conservatorio Superior realizó sus estudios, Cuba y Nueva York. Sus influencias son variadas, con una evidente querencia por lo flamenco y lo latino, pero también con la mirada puesta en cualquier otra tendencia, como la música electrónica, lo oriental o el mundo de la canción de autor. Todo ello, claro está, pasado por el tapiz del jazz y la improvisación.
Aunque su formación más habitual es el clásico trio piano, contrabajo y batería -con dos discos en su haber en dicho formato, Reflexión (2017) y Nómadas (2024)- la otra tarde tuvo la valentía de defender en solitario parte de su propio repertorio, además de alguna que otra versión.
El recital comenzó con la meditativa “Domingo”, rescatada de su primer disco, Reflexión (2017), un tema envolvente repleto de arpegios donde claramente se reflejaba tanto su formación clásica como esos dejes flamencos que incorpora a casi todas sus composiciones, evocando al mejor Felipe Campuzano o al más actual Dorantes. De inmediato quiso rendir su primer homenaje, nada menos que al que, hoy por hoy, está considerado como el mejor pianista de jazz flamenco del mundo, Chano Domínguez. Para ello recurrió a una de sus composiciones más conocidas y afortunadas, “Alma de mujer”, tema complejo donde siempre es un reto realizar una improvisación sobre su característico ostinato con la mano izquierda.
Los siguientes minutos estuvieron centrados en su último trabajo, Nómadas (2024), comenzando por el tema que lo abre, la hipnótica “Siran”, de clara inspiración oriental y donde Lucía incorpora su propia voz para dar realce a las melodías, un recurso muy atractivo que ya en su día rentabilizaron bandas como el Pat Metheny Group, y que también es usado, con igual maestría, por otro excelente pianista malagueño, José Carra, en muchos de sus trabajos.
De nuevo las influencias clásicas se colaron de lleno en la cantarina y pizpireta “El viaje del elefante”, un descriptivo tema en compás ternario con el que Lucía quiso evocar la sorprendente historia de la homónima novela de Saramago, aquella en la que contaba el largo recorrido del paquidermo Salomón desde Oriente hasta Valladolid. Los aires flamencos llegaron de nuevo con “Colombianas gaditanas”, donde invitó a su paisano, el marbellero Sergio Díaz. Con un sencillo set percusivo compuesto por unos bongos, un plato y un cajón peruano, Sergio proporcionó el soporte rítmico perfecto para una composición de estas características.
“Jimena” fue un estreno en primicia «…nadie lo ha escuchado y quiero testearlo con vosotros, para ver si os gusta y lo incluyo en mi próximo trabajo», contaba Lucía. Nuevamente surgieron reminiscencias clásicas mezcladas con el minimalismo la new age, evocando a compositores como Wim Mertens o Michael Nyman. De su primer trabajo recuperó “Brooklyn Blues”, en el que solicitó la participación del público, para pasar de inmediato a la única versión cantada del recital, la emocionante balada de Fito Páez “Yo vengo a ofrecer mi corazón”. Con otra sorprendente revisión, en este caso proveniente del corazón de la música electrónica británica de los noventa, una introspectiva e íntima versión del famoso “Teardrop” de Massive Attack, el recital se fue acercando a su fin.
Lo flamenco y latino aparecieron de nuevo, otra vez con la colaboración de Díaz, con las bulerías tituladas “Lucerías” y un último tributo, en este caso al piano-hero del latin jazz por excelencia, el dominicano Michel Camilo, de quien recuperó otro de sus clásicos, “From within”. El público requirió la vuelta de la pianista, que cerró con “Oriente”, otro viaje instrumental por las sonoridades arábigo andaluzas.
Buen concierto de Lucía Rey que, a pesar de acabar exhausta debido a la intensidad requerida en un recital de estas características, departió un buen rato con parte del público, firmando CD´s y vinilos a todo aquel que quiso llevarse a casa un pedacito de su excelente música.
La puerta queda abierta para el próximo jueves 6 de noviembre en el que otros dos andaluces, Tito Alcedo y Nono García, se sentarán con sus guitarras en el Teatro Apolo para darnos, a buen seguro, otra noche memorable.
A pesar de su juventud, Lucía es una pianista con un bagaje que incluye Madrid, en cuyo Conservatorio Superior realizó sus estudios, Cuba y Nueva York. Sus influencias son variadas, con una evidente querencia por lo flamenco y lo latino, pero también con la mirada puesta en cualquier otra tendencia, como la música electrónica, lo oriental o el mundo de la canción de autor. Todo ello, claro está, pasado por el tapiz del jazz y la improvisación.
Aunque su formación más habitual es el clásico trio piano, contrabajo y batería -con dos discos en su haber en dicho formato, Reflexión (2017) y Nómadas (2024)- la otra tarde tuvo la valentía de defender en solitario parte de su propio repertorio, además de alguna que otra versión.
El recital comenzó con la meditativa “Domingo”, rescatada de su primer disco, Reflexión (2017), un tema envolvente repleto de arpegios donde claramente se reflejaba tanto su formación clásica como esos dejes flamencos que incorpora a casi todas sus composiciones, evocando al mejor Felipe Campuzano o al más actual Dorantes. De inmediato quiso rendir su primer homenaje, nada menos que al que, hoy por hoy, está considerado como el mejor pianista de jazz flamenco del mundo, Chano Domínguez. Para ello recurrió a una de sus composiciones más conocidas y afortunadas, “Alma de mujer”, tema complejo donde siempre es un reto realizar una improvisación sobre su característico ostinato con la mano izquierda.
Los siguientes minutos estuvieron centrados en su último trabajo, Nómadas (2024), comenzando por el tema que lo abre, la hipnótica “Siran”, de clara inspiración oriental y donde Lucía incorpora su propia voz para dar realce a las melodías, un recurso muy atractivo que ya en su día rentabilizaron bandas como el Pat Metheny Group, y que también es usado, con igual maestría, por otro excelente pianista malagueño, José Carra, en muchos de sus trabajos.
De nuevo las influencias clásicas se colaron de lleno en la cantarina y pizpireta “El viaje del elefante”, un descriptivo tema en compás ternario con el que Lucía quiso evocar la sorprendente historia de la homónima novela de Saramago, aquella en la que contaba el largo recorrido del paquidermo Salomón desde Oriente hasta Valladolid. Los aires flamencos llegaron de nuevo con “Colombianas gaditanas”, donde invitó a su paisano, el marbellero Sergio Díaz. Con un sencillo set percusivo compuesto por unos bongos, un plato y un cajón peruano, Sergio proporcionó el soporte rítmico perfecto para una composición de estas características.
“Jimena” fue un estreno en primicia «…nadie lo ha escuchado y quiero testearlo con vosotros, para ver si os gusta y lo incluyo en mi próximo trabajo», contaba Lucía. Nuevamente surgieron reminiscencias clásicas mezcladas con el minimalismo la new age, evocando a compositores como Wim Mertens o Michael Nyman. De su primer trabajo recuperó “Brooklyn Blues”, en el que solicitó la participación del público, para pasar de inmediato a la única versión cantada del recital, la emocionante balada de Fito Páez “Yo vengo a ofrecer mi corazón”. Con otra sorprendente revisión, en este caso proveniente del corazón de la música electrónica británica de los noventa, una introspectiva e íntima versión del famoso “Teardrop” de Massive Attack, el recital se fue acercando a su fin.
Lo flamenco y latino aparecieron de nuevo, otra vez con la colaboración de Díaz, con las bulerías tituladas “Lucerías” y un último tributo, en este caso al piano-hero del latin jazz por excelencia, el dominicano Michel Camilo, de quien recuperó otro de sus clásicos, “From within”. El público requirió la vuelta de la pianista, que cerró con “Oriente”, otro viaje instrumental por las sonoridades arábigo andaluzas.
Buen concierto de Lucía Rey que, a pesar de acabar exhausta debido a la intensidad requerida en un recital de estas características, departió un buen rato con parte del público, firmando CD´s y vinilos a todo aquel que quiso llevarse a casa un pedacito de su excelente música.
La puerta queda abierta para el próximo jueves 6 de noviembre en el que otros dos andaluces, Tito Alcedo y Nono García, se sentarán con sus guitarras en el Teatro Apolo para darnos, a buen seguro, otra noche memorable.



