DI GERALDO, CARAMELO, SAMBEAT, OTEO
TEATRO APOLO - 08-11-2025
Catalizando talentos
En el mundillo musical no hay nada que guste más al respetable que un buen supergrupo. Se suele denominar así a la reunión de varios músicos que, de forma natural o artificial (que hay de todo) y a sabiendas ellos mismos de lo grandes que son en sus respectivas formaciones anteriores, deciden juntarse para deleitar al personal con su destreza y sapiencia. A la memoria me vienen los Cream de Clapton, Jack Bruce y Ginger Baker; se autodenominaron así, La Crema porque, modestamente, era como se consideraban. Acabaron tarifando, por supuesto.
Los Emerson, Lake and Palmer duraron más, escribiendo algunas páginas de oro en el progresivo de los 70 y lo mismo ocurrió en la música de raíz norteamericana con los míticos Crosby, Stills, Nash & Young o los posteriores Travelling Wilburys. En el mundo de jazz y la música improvisada también ocurren estas cosas o ¿qué fue si no aquel primigenio G3 formado por Paco De Lucía, Al Di Meola, John McLaughin?
Lo que nos presentó el otro día el batería, percusionista y productor Tino Di Geraldo bien podría incluirse también en esta categoría.
Tino es de sobra conocido por los aficionados al flamenco, el jazz y el rock en nuestro país y lleva muchos años trabajando con los mejores. Imprescindibles como Paco de Lucia, Chano Domínguez, Raimundo Amador, Niña Pastori, Manolo Sanlúcar o Tomatito han contado con su participación en proyectos discográricos o directos. Como productor ha destacado en el ámbito del flamenco rock, implicándose en trabajos de Diego Carrasco o Elbicho, pero también en el pop-rock, con artistas como Rosario Flores o Luz Casal.
Para los amantes de la música improvisada, Tino es la tercera pata de ese magnífico trio -¿otro supergrupo?- que desde hace años completan otras dos vacas sagradas del jazz flamenco, Jorge Pardo y Carles Benavent. Sin embargo, no han sido tantas las incursiones de Tino como líder de proyecto, y esta es una de ellas , centrada en su último trabajo, el excelente Concert Bal (2021), presentado inicialmente en noneto. Pero mover a tal cantidad de músicos se hace muy cuesta arriba en los tiempos que corren así que, con buen criterio y, de forma especial para este Almerijazz, Tino decidió adaptarlo a cuarteto. Para ello reclutó a otros tres estupendos instrumentistas y así poder dar rienda suelta, entre todos, a sus capacidades improvisadoras.
Al piano, Javier Gutierrez Massó ‘Caramelo de Cuba’, un todoterreno a las teclas, dominando, claro está, todos los ritmos de su tierra, aunque lleva en la nuestra desde principios de los noventa. Ha tocado con tanta gente, que voy a obviar aquí el largo listado, que para eso está internet. En los saxos, soprano y alto, el valenciano Perico Sambeat. Los palos que ha tocado Perico en su ya experimentada y larga carrera han sido variadísimos, desde el bop más clásico, sus colaboraciones con el gran pianista Brad Mehldau, pasando por la experimentación, con su trio Colina-Miralta-Sambeat, e incluso en el progresivo con su fabuloso Perico Sambeat Plays Zappa (2016). En este nuevo siglo ha tenido acercamientos tan genuinos como interesantes al flamenco, con discos como Flamenco Big Band (2008) o el más reciente Roneando (2023). Por último, Peter Oteo, uno de los bajistas de sesión más reconocidos en España. Un tipo que ha pasado por formaciones y/o artistas tan dispares como Obús, Radio Tarifa, Luz Casal o Jackson Browne. Gran admirador de Jaco Pastorius, es evidente que aporta su toque funk y fusionero a todo lo que toca.
El coctel estaba servido, pues con estos ingredientes en forma de músicos, era de esperar que el flamenco, lo latino, el funk y el jazz en todas sus muy diversas variantes, saliesen a relucir en el escenario.
Y la cosa empezó, tras una intro muy lírica de Caramelo a piano solo, por un curioso palo: «no sabía muy bien si iba por bulerías, por fandangos o por soleá…», comentaba después Tino en su primera intervención «…pero un amigo mío me soltó: “es Por Digeraldinas”, y me dije “ya tengo título”». Una composición en la que ya se vislumbraron todas sus influencias, mezclando el jazz más ortodoxo con melodías y ritmos cercanos a la fusión, lo mismo por bulerías que por fandangos, o por tumbaos, que también se colaban por ahí.
Tras ese buen inicio, le tocó el turno a algo quizá demasiado recurrente. Y es que a estas alturas echar mano del “All blues” de Miles Davis, aunque nos salgan por bulerías, está más visto que el tebeo (no se si debería explicar la expresión). No obstante, si cae en manos de grandes músicos siempre se le puede sacar partido. Fue el caso, comenzando por el excelente solo de piano de Caramelo, la también intensa improvisación de Perico y la más breve pero muy funky de Oteo.
De inmediato se dejaron de standards más o menos sobados y le tocó el turno a la tanda de temas originales atribuidos a algunos miembros de la banda. Uno de los mejores fue “Essaouira” una contundente y compleja composición de Di Geraldo dedicada a un pueblo marroquí que cada año acoge un estupendo festival de música en el que se dan cita estilos como el jazz y el blues, mezclándose con la música tradicional del reino alauí. Un tema con diferentes partes, aires andalusíes en la melodía y que él define como un tanguillo bereber por copla, que vaya usted a saber de dónde se sacó eso Tino. Impresionante el solo de piano de Caramelo, basado en contundentes y grandiosos bloques de acordes.
A continuación, Tino se erigió en protagonista con un solo de batería que sobrepasó los ocho minutos de duración y con el que dejó claro por qué es uno de los percusionistas más respetados y solicitados del panorama nacional. Tras ello llegaba “Hallaré”, una delicada melodía proveniente también de su Concert Bal, donde las largas líneas melódicas del saxo de Sambeat, el piano eléctrico de Caramelo y la relajada rítmica de Oteo y Di Geraldo nos retrotrajeron a ambientes que evocaban a los mismísimos Weather Report.
Con un atractivo ostinato del bajo comenzaba “Travesía”, una composición de Perico extraída de uno de sus últimos trabajos, Roneando; el funk melódico y los aires de fusión camparon a sus anchas y, lógicamente, destacó el propio Sambeat con su intenso solo, en gran parte sobre el único acompañamiento de la batería de Di Geraldo. El tema llegó a su clímax con algunos cuatros entre la batería, el piano y el saxo.
Con “Bopleria”, otra de Sambeat con aires flamencos, iba acercándose el final. Esto es algo muy personal, pero creo que la despedida con la versión funk algo descafeinada de “Entre dos aguas” no estuvo a la altura del resto de propuestas de la noche. Para los menos iniciados, una melodía tan conocida entra muy bien, pero hay que echar mucha carne en el asador para superar al de la Lucía en un tema tan emblemático como ese, y lamentablemente, no fue el caso.
No obstante, esto no ensombreció en absoluto un concierto marcado por las excelentes interpretaciones de cada uno de sus protagonistas, repleto de largos desarrollos e improvisaciones brillantes sobre composiciones que, en su mayoría, fueron tan complejas como atractivas. Chapó a Tino, del que esperamos siga componiendo, tocando y catalizando talentos de esta forma por muchos años.
Los Emerson, Lake and Palmer duraron más, escribiendo algunas páginas de oro en el progresivo de los 70 y lo mismo ocurrió en la música de raíz norteamericana con los míticos Crosby, Stills, Nash & Young o los posteriores Travelling Wilburys. En el mundo de jazz y la música improvisada también ocurren estas cosas o ¿qué fue si no aquel primigenio G3 formado por Paco De Lucía, Al Di Meola, John McLaughin?
Lo que nos presentó el otro día el batería, percusionista y productor Tino Di Geraldo bien podría incluirse también en esta categoría.
Tino es de sobra conocido por los aficionados al flamenco, el jazz y el rock en nuestro país y lleva muchos años trabajando con los mejores. Imprescindibles como Paco de Lucia, Chano Domínguez, Raimundo Amador, Niña Pastori, Manolo Sanlúcar o Tomatito han contado con su participación en proyectos discográricos o directos. Como productor ha destacado en el ámbito del flamenco rock, implicándose en trabajos de Diego Carrasco o Elbicho, pero también en el pop-rock, con artistas como Rosario Flores o Luz Casal.
Para los amantes de la música improvisada, Tino es la tercera pata de ese magnífico trio -¿otro supergrupo?- que desde hace años completan otras dos vacas sagradas del jazz flamenco, Jorge Pardo y Carles Benavent. Sin embargo, no han sido tantas las incursiones de Tino como líder de proyecto, y esta es una de ellas , centrada en su último trabajo, el excelente Concert Bal (2021), presentado inicialmente en noneto. Pero mover a tal cantidad de músicos se hace muy cuesta arriba en los tiempos que corren así que, con buen criterio y, de forma especial para este Almerijazz, Tino decidió adaptarlo a cuarteto. Para ello reclutó a otros tres estupendos instrumentistas y así poder dar rienda suelta, entre todos, a sus capacidades improvisadoras.
Al piano, Javier Gutierrez Massó ‘Caramelo de Cuba’, un todoterreno a las teclas, dominando, claro está, todos los ritmos de su tierra, aunque lleva en la nuestra desde principios de los noventa. Ha tocado con tanta gente, que voy a obviar aquí el largo listado, que para eso está internet. En los saxos, soprano y alto, el valenciano Perico Sambeat. Los palos que ha tocado Perico en su ya experimentada y larga carrera han sido variadísimos, desde el bop más clásico, sus colaboraciones con el gran pianista Brad Mehldau, pasando por la experimentación, con su trio Colina-Miralta-Sambeat, e incluso en el progresivo con su fabuloso Perico Sambeat Plays Zappa (2016). En este nuevo siglo ha tenido acercamientos tan genuinos como interesantes al flamenco, con discos como Flamenco Big Band (2008) o el más reciente Roneando (2023). Por último, Peter Oteo, uno de los bajistas de sesión más reconocidos en España. Un tipo que ha pasado por formaciones y/o artistas tan dispares como Obús, Radio Tarifa, Luz Casal o Jackson Browne. Gran admirador de Jaco Pastorius, es evidente que aporta su toque funk y fusionero a todo lo que toca.
El coctel estaba servido, pues con estos ingredientes en forma de músicos, era de esperar que el flamenco, lo latino, el funk y el jazz en todas sus muy diversas variantes, saliesen a relucir en el escenario.
Y la cosa empezó, tras una intro muy lírica de Caramelo a piano solo, por un curioso palo: «no sabía muy bien si iba por bulerías, por fandangos o por soleá…», comentaba después Tino en su primera intervención «…pero un amigo mío me soltó: “es Por Digeraldinas”, y me dije “ya tengo título”». Una composición en la que ya se vislumbraron todas sus influencias, mezclando el jazz más ortodoxo con melodías y ritmos cercanos a la fusión, lo mismo por bulerías que por fandangos, o por tumbaos, que también se colaban por ahí.
Tras ese buen inicio, le tocó el turno a algo quizá demasiado recurrente. Y es que a estas alturas echar mano del “All blues” de Miles Davis, aunque nos salgan por bulerías, está más visto que el tebeo (no se si debería explicar la expresión). No obstante, si cae en manos de grandes músicos siempre se le puede sacar partido. Fue el caso, comenzando por el excelente solo de piano de Caramelo, la también intensa improvisación de Perico y la más breve pero muy funky de Oteo.
De inmediato se dejaron de standards más o menos sobados y le tocó el turno a la tanda de temas originales atribuidos a algunos miembros de la banda. Uno de los mejores fue “Essaouira” una contundente y compleja composición de Di Geraldo dedicada a un pueblo marroquí que cada año acoge un estupendo festival de música en el que se dan cita estilos como el jazz y el blues, mezclándose con la música tradicional del reino alauí. Un tema con diferentes partes, aires andalusíes en la melodía y que él define como un tanguillo bereber por copla, que vaya usted a saber de dónde se sacó eso Tino. Impresionante el solo de piano de Caramelo, basado en contundentes y grandiosos bloques de acordes.
A continuación, Tino se erigió en protagonista con un solo de batería que sobrepasó los ocho minutos de duración y con el que dejó claro por qué es uno de los percusionistas más respetados y solicitados del panorama nacional. Tras ello llegaba “Hallaré”, una delicada melodía proveniente también de su Concert Bal, donde las largas líneas melódicas del saxo de Sambeat, el piano eléctrico de Caramelo y la relajada rítmica de Oteo y Di Geraldo nos retrotrajeron a ambientes que evocaban a los mismísimos Weather Report.
Con un atractivo ostinato del bajo comenzaba “Travesía”, una composición de Perico extraída de uno de sus últimos trabajos, Roneando; el funk melódico y los aires de fusión camparon a sus anchas y, lógicamente, destacó el propio Sambeat con su intenso solo, en gran parte sobre el único acompañamiento de la batería de Di Geraldo. El tema llegó a su clímax con algunos cuatros entre la batería, el piano y el saxo.
Con “Bopleria”, otra de Sambeat con aires flamencos, iba acercándose el final. Esto es algo muy personal, pero creo que la despedida con la versión funk algo descafeinada de “Entre dos aguas” no estuvo a la altura del resto de propuestas de la noche. Para los menos iniciados, una melodía tan conocida entra muy bien, pero hay que echar mucha carne en el asador para superar al de la Lucía en un tema tan emblemático como ese, y lamentablemente, no fue el caso.
No obstante, esto no ensombreció en absoluto un concierto marcado por las excelentes interpretaciones de cada uno de sus protagonistas, repleto de largos desarrollos e improvisaciones brillantes sobre composiciones que, en su mayoría, fueron tan complejas como atractivas. Chapó a Tino, del que esperamos siga componiendo, tocando y catalizando talentos de esta forma por muchos años.



