BOBBY WATSON & CLASIJAZZ BIG BAND
AUDITORIO MAESTRO PADILLA - 02-11-2025
El amigo de Kansas
En la cuarta jornada del festival nos tocó cambiar de escenario para acudir al Auditorio Maestro Padilla. La ocasión lo requería, pues allí ocuparían las tablas los miembros de la Clasijazz Big Band Pro arropando a toda una leyenda del jazz estadounidense, el saxofonista alto Bobby Watson.
Bobby ya sería una figura legendaria solo por haber pertenecido durante un lustro a una de las formaciones con más solera del hard bop, los Jazz Messengers de Art Blakey. Los más veteranos sabemos muy bien como sonaba aquella banda, que destilaba buen jazz por los cuatro costados, cuando pudimos verla en directo en la cuarta edición de este mismo festival, un lejano 1988. En aquella ocasión Bobby ya no estaba con ellos; como muchos de los miembros de los Messengers, a los que se les solía denominar ‘jóvenes leones’, había emprendido una carrera como líder en la que no ha dejado de regalarnos excelentes discos a su nombre o como colaborador de otros grandes de la escena jazzística.
Al igual que otros ilustres saxofonistas como Benny Golson, Gary Bartz o Lee Konitz, Bobby recaló un buen día por Clasijazz –en mayo de 2022– y sintió que las vibraciones del lugar y su gente coincidían plenamente con su sensibilidad musical. La vinculación con nuestra tierra, por tanto, se retrotrae a aquel año en que pudimos disfrutar de su maestría en dos recitales, uno con la Big Band de Clasijazz y el otro en cuarteto, donde estuvo acompañado por Dahoud Salim al piano, Bori Albero al contrabajo y Alessandro Fabbri en la batería. Los dos primeros ocuparon ese mismo puesto la otra noche.
De aquellos encuentros, además, surgió la idea de realizar un trabajo discográfico. Y se hizo realidad gracias al mecenas Chipi Lückhoff, el impulso y coordinación de Clasijazz (con Pablo Mazuecos al frente), los arreglos y dirección de Duccio Bertini y la Fundación Valparaíso (Mojácar), en cuyas instalaciones se realizó la grabación aquel mismo año. Dicho trabajo, titulado sencillamente Bobby Watson, Duccio Bertini & Clasijazz Big Band, es precisamente lo que, con un leve retraso, acudían a presentar en esta edición del festival.
El concierto comenzó con un tema de presentación interpretado por la big band, el conocido “Syeeda's Song Flute”, originalmente incluido en el histórico Giant Steps de Coltrane y en el que los músicos de la orquesta dejaron patente su impecable sonido. A estas alturas, la Big Band de Clasijazz es una apisonadora, una máquina de hacer jazz que no tiene nada que envidiar a cualquier otra big band del mundo, como ya demostraron no hace mucho en su gira con la prestigiosa compositora y directora estadounidense Maria Schneider.
Un emocionado y entusiasta Pablo Mazuecos apareció por el escenario para presentar el evento y al protagonista de la noche, que comenzó explicando el significado del primer número, “Beattitudes” (Bienaventurados), un tema en el que quiso representar las mejores virtudes del ser humano y que proviene de un antiguo álbum de homónimo título editado en 1983. La siguiente pieza, la misteriosa “Quiet as it´s Kept” fue otra muestra de la hábil combinación entre complejidad y sencillez (¿es eso posible?) de sus composiciones, en las que se entrelazan atractivas melodías con ritmos y arreglos complejos, que atrapan al oyente desde el primer minuto. En la balada “Always a friend”, el fliscorno de Julián Sánchez se erigió en protagonista en la melodía principal, aunque los solos correspondieron al excelente trompetista Joan Mar y al pianista Daahoud Salim. El joven Salim (hijo del saxofonista Abdu Salim) continúa en una progresión ascendente en sus improvisaciones. Sus dedos aletean sobre las teclas alejándose de cualquier cliché y mostrando una gran capacidad melódica así como una imaginación desbordante en cada una de sus intervenciones. Otra balada conmovedora con aires de blues llegó con “The love we had yesterday”, una composición de la pianista y compositora Pamela Baskin-Watson, a la sazón esposa de Bobby, con un título que, por esa alusión al amor en pasado, despierta cierta inquietud en el saxofonista norteamericano.
Aunque la noche estaba dedicada al mencionado disco, se encontró también hueco para mostrar las habilidades del saxofonista en lo que puede ser su formato favorito, el cuarteto. Junto a la sección rítmica, Rajiv Jayaweera en la batería, Bori Albero al contrabajo y Daahoud Salim al piano, el de Kansas City demostró que el blues está en su ADN con ese “Up to date Blues” que, como explicó, suena diferente en cada ocasión en que lo interpreta. Nuevamente una impresionante improvisación al piano de Salim dio pie al magisterio que ejerce con cada nota que Watson sopla en su saxo. En cuarteto también interpretaron un mítico tema de Bobby, “Time will tell”, puro hard bop de su época con los Messengers.
La big band retomó el protagonismo con el medio tiempo “Nubian Breakdown”, con un arreglo en el que fueron destacando de forma alternativa las secciones de metales y maderas, que aprovecho para mencionar al completo: en las trompetas estaban Joan Mar, Pep Garau, Julián Sánchez (autor del primer solo en este tema) y José Carlos Hernández. A cargo de los trombones, Sergio Vicente, Tomeu Garcías, Miguel Moisés y Pedro Pastor, y en la fila de los saxos Antonio González, Juan Pedro, Enrique Oliver, Sergio Albacete y Javier Ortí, que también tuvo una brillante intervención aquí como solista.
El guitarrista Carlo Proto fue el encargado de iniciar con sus acordes la deliciosa “Landmarks Lost”, que dio paso al último número de la noche, “E.T.A”, otro clásico de la época de los Messengers que, como bien aclaró el propio saxofonista, nada tenía que ver con cierta asociación de facinerosos a la que todos queremos olvidar, sino el acrónimo de ‘Estimated Time of Arrival’, una expresión que proviene del mundo de la aeronáutica, cercano a Watson dada la profesión de piloto de su padre. Este trepidante tema, que Watson interrumpió ante una entrada a destiempo de la big band (cosas de los ensayos de última hora), puso el broche de oro a un recital que podría resumir en una sola palabra: impecable.
Para cualquier amante del jazz siempre es un placer poder escuchar en riguroso directo, paladeando cada nota, a uno de los protagonistas de la historia con mayúsculas de este estilo musical. Si, además, se combina con la savia nueva que está surgiendo al amparo de asociaciones como Clasijazz, la satisfacción es doble. Por mucho que los agoreros lleven décadas con esa monserga de que la buena música ha muerto, los que estamos atentos cada día, sabemos que hay futuro, tanto en el jazz como en resto de músicas de calidad. Y otro ejemplo lo tendremos, a buen seguro, en el siguiente concierto, que protagonizará la madrileña Lucía Rey, sola ante el piano, en el Centro Cultural Fundación Unicaja. Esto ocurrirá el martes 4 de noviembre, con entrada libre hasta completar un aforo que debería llenarse hasta la bandera.
Bobby ya sería una figura legendaria solo por haber pertenecido durante un lustro a una de las formaciones con más solera del hard bop, los Jazz Messengers de Art Blakey. Los más veteranos sabemos muy bien como sonaba aquella banda, que destilaba buen jazz por los cuatro costados, cuando pudimos verla en directo en la cuarta edición de este mismo festival, un lejano 1988. En aquella ocasión Bobby ya no estaba con ellos; como muchos de los miembros de los Messengers, a los que se les solía denominar ‘jóvenes leones’, había emprendido una carrera como líder en la que no ha dejado de regalarnos excelentes discos a su nombre o como colaborador de otros grandes de la escena jazzística.
Al igual que otros ilustres saxofonistas como Benny Golson, Gary Bartz o Lee Konitz, Bobby recaló un buen día por Clasijazz –en mayo de 2022– y sintió que las vibraciones del lugar y su gente coincidían plenamente con su sensibilidad musical. La vinculación con nuestra tierra, por tanto, se retrotrae a aquel año en que pudimos disfrutar de su maestría en dos recitales, uno con la Big Band de Clasijazz y el otro en cuarteto, donde estuvo acompañado por Dahoud Salim al piano, Bori Albero al contrabajo y Alessandro Fabbri en la batería. Los dos primeros ocuparon ese mismo puesto la otra noche.
De aquellos encuentros, además, surgió la idea de realizar un trabajo discográfico. Y se hizo realidad gracias al mecenas Chipi Lückhoff, el impulso y coordinación de Clasijazz (con Pablo Mazuecos al frente), los arreglos y dirección de Duccio Bertini y la Fundación Valparaíso (Mojácar), en cuyas instalaciones se realizó la grabación aquel mismo año. Dicho trabajo, titulado sencillamente Bobby Watson, Duccio Bertini & Clasijazz Big Band, es precisamente lo que, con un leve retraso, acudían a presentar en esta edición del festival.
El concierto comenzó con un tema de presentación interpretado por la big band, el conocido “Syeeda's Song Flute”, originalmente incluido en el histórico Giant Steps de Coltrane y en el que los músicos de la orquesta dejaron patente su impecable sonido. A estas alturas, la Big Band de Clasijazz es una apisonadora, una máquina de hacer jazz que no tiene nada que envidiar a cualquier otra big band del mundo, como ya demostraron no hace mucho en su gira con la prestigiosa compositora y directora estadounidense Maria Schneider.
Un emocionado y entusiasta Pablo Mazuecos apareció por el escenario para presentar el evento y al protagonista de la noche, que comenzó explicando el significado del primer número, “Beattitudes” (Bienaventurados), un tema en el que quiso representar las mejores virtudes del ser humano y que proviene de un antiguo álbum de homónimo título editado en 1983. La siguiente pieza, la misteriosa “Quiet as it´s Kept” fue otra muestra de la hábil combinación entre complejidad y sencillez (¿es eso posible?) de sus composiciones, en las que se entrelazan atractivas melodías con ritmos y arreglos complejos, que atrapan al oyente desde el primer minuto. En la balada “Always a friend”, el fliscorno de Julián Sánchez se erigió en protagonista en la melodía principal, aunque los solos correspondieron al excelente trompetista Joan Mar y al pianista Daahoud Salim. El joven Salim (hijo del saxofonista Abdu Salim) continúa en una progresión ascendente en sus improvisaciones. Sus dedos aletean sobre las teclas alejándose de cualquier cliché y mostrando una gran capacidad melódica así como una imaginación desbordante en cada una de sus intervenciones. Otra balada conmovedora con aires de blues llegó con “The love we had yesterday”, una composición de la pianista y compositora Pamela Baskin-Watson, a la sazón esposa de Bobby, con un título que, por esa alusión al amor en pasado, despierta cierta inquietud en el saxofonista norteamericano.
Aunque la noche estaba dedicada al mencionado disco, se encontró también hueco para mostrar las habilidades del saxofonista en lo que puede ser su formato favorito, el cuarteto. Junto a la sección rítmica, Rajiv Jayaweera en la batería, Bori Albero al contrabajo y Daahoud Salim al piano, el de Kansas City demostró que el blues está en su ADN con ese “Up to date Blues” que, como explicó, suena diferente en cada ocasión en que lo interpreta. Nuevamente una impresionante improvisación al piano de Salim dio pie al magisterio que ejerce con cada nota que Watson sopla en su saxo. En cuarteto también interpretaron un mítico tema de Bobby, “Time will tell”, puro hard bop de su época con los Messengers.
La big band retomó el protagonismo con el medio tiempo “Nubian Breakdown”, con un arreglo en el que fueron destacando de forma alternativa las secciones de metales y maderas, que aprovecho para mencionar al completo: en las trompetas estaban Joan Mar, Pep Garau, Julián Sánchez (autor del primer solo en este tema) y José Carlos Hernández. A cargo de los trombones, Sergio Vicente, Tomeu Garcías, Miguel Moisés y Pedro Pastor, y en la fila de los saxos Antonio González, Juan Pedro, Enrique Oliver, Sergio Albacete y Javier Ortí, que también tuvo una brillante intervención aquí como solista.
El guitarrista Carlo Proto fue el encargado de iniciar con sus acordes la deliciosa “Landmarks Lost”, que dio paso al último número de la noche, “E.T.A”, otro clásico de la época de los Messengers que, como bien aclaró el propio saxofonista, nada tenía que ver con cierta asociación de facinerosos a la que todos queremos olvidar, sino el acrónimo de ‘Estimated Time of Arrival’, una expresión que proviene del mundo de la aeronáutica, cercano a Watson dada la profesión de piloto de su padre. Este trepidante tema, que Watson interrumpió ante una entrada a destiempo de la big band (cosas de los ensayos de última hora), puso el broche de oro a un recital que podría resumir en una sola palabra: impecable.
Para cualquier amante del jazz siempre es un placer poder escuchar en riguroso directo, paladeando cada nota, a uno de los protagonistas de la historia con mayúsculas de este estilo musical. Si, además, se combina con la savia nueva que está surgiendo al amparo de asociaciones como Clasijazz, la satisfacción es doble. Por mucho que los agoreros lleven décadas con esa monserga de que la buena música ha muerto, los que estamos atentos cada día, sabemos que hay futuro, tanto en el jazz como en resto de músicas de calidad. Y otro ejemplo lo tendremos, a buen seguro, en el siguiente concierto, que protagonizará la madrileña Lucía Rey, sola ante el piano, en el Centro Cultural Fundación Unicaja. Esto ocurrirá el martes 4 de noviembre, con entrada libre hasta completar un aforo que debería llenarse hasta la bandera.



