El peculiar sonido del órgano Hammond B3 irrumpió en la música allá por la década de los 50 del pasado siglo y no tardó mucho en convertirse en un instrumento imprescindible dentro del soul y el jazz en aquellos años. Su amplia gama de sonoridades es inconfundible, de forma que también el mundo del rock lo incorporó algo después a sus huestes eléctricas, sobre todo cuando de country rock o americana se tratase. Al jazzista Jimmy Smith podríamos considerarlo el creador del clásico trio órgano, guitarra y batería, y por nuestra tierra tuvimos la suerte de disfrutar a uno de sus herederos directos, el genial y estrafalario Lou Bennett, que recalaba de vez en cuando por el Georgia Jazz Club.
Tras ellos, década tras década, han continuado apareciendo sucesores, hijos, nietos y bisnietos de estos jazzistas, incorporando a sus repertorios toneladas de funk, rhythm and blues, soul y ritmos con mucho groove. Por nuestro festival, concretamente en la XXI edición celebrada en 2010, ya pasó el británico James Taylor (el organista, no el cantautor), con su potente cuarteto, para dejar constancia de la vigencia de un instrumento y una forma de hacer que permanece también a base de incorporar a la ecuación nuevas tendencias como el acid jazz o el hip hop.
En una línea que mira más hacia el funk y el rhythm and blues clásico de los setenta llegó a esta edición de Almerijazz 2025 el organista Delvon Lamarr, para dar un recital intenso, de casi dos horas de duración, ante un público receptivo que, por primera vez en este festival, abarrotó el Teatro Apolo de la capital almeriense.
Delvon lleva ya casi una década en los escenarios, cuenta en su haber con discos tan interesantes como Close But No Cigar (2018), Cold As Weiss (2022) o el excelente directo Live At KEXP (2018). Llegó acompañado por el batería Chuck ‘Sweet Pea’ Pickney y la reciente incorporación de Charles Thomas en la guitarra. Delvon, que ejerció de buen maestro de ceremonias durante todo el concierto, apareció con su ya característica gorra sobre sus rastas, y un chándal poligonero bastante resultón con el que encaró el concierto con una comodidad que cualquier músico envidiaría.
La velada comenzó con el tema con el que también iniciaba su disco I Told You So (2021), un potentísimo funk-rock llamado “Hole in one”, con el que ya iba a sentar las bases de su contundente universo sónico. Su órgano cabalgaba sin descanso sobre un ritmo hipnótico impuesto por Pickney y con el punzante sonido de la guitarra eléctrica de Thomas como perfecto complemento armónico-rítmico. La fórmula, que parece sencilla, requiere de muchísima maestría para ser ejecutada: melodías simples, que se pegan al oído como las moscas a la miel, riff repetitivos y juegos con la dinámica, que suele ir in crescendo hasta alcanzar un clímax que coincide con los momentos más electrizantes del organista.
En esa misma línea continuaron con temas como “Get Your Mind Together”, algo más tranquilo, con una letárgica guitarra con wah wah dando la réplica durante la adictiva melodía y acometiendo el primer solo de la noche, creando un ambiente que nos retrotraía a las viejas películas del genero Blaxploitation.
La pizpireta y pegadiza “I Wanna Be Where You Are” un clásico del niño Michael Jackson (aquel que, una década antes del Thriller, todavía lucía el color de su raza en la piel), fue su primer homenaje, en este caso al pop de los 70. También de esa década provino el siguiente tributo a una de las formaciones más representativas del funk, el soul y hasta la disco-music, los mismísimos Earth, Wind & Fire. Para ello acudieron a la bellísima balada “Can't Hide Love”, a la que Delvon y sus chicos supieron darle el toque jazzy suficiente para hacernos olvidar la maravillosa voz de Philip Bailey durante unos minutos.
Tanto en este como en otros temas de la noche, Delvon usó (¿y, quizá, abusó?) en sus improvisaciones el HTHN, siglas que corresponden a las palabras ‘Hold That Hight Note’, lo que viene a querer decir ‘Mantenga esa nota alta’. Es una técnica bastante usada por los organistas que consiste, como imaginareis por su denominación, en mantener pulsada una nota aguda durante un periodo de tiempo más o menos prolongado mientras, con la misma mano, se improvisa con notas o acordes. No es nada fácil, y se necesita una mano derecha bien flexible, que permita alcanzar con soltura un buen número de teclas cercanas.
Una sensible intro del guitarrista dio paso al pegadizo “Move On Up”, en el que intercalaron los momentos más jazzísticos y swingueros de la noche. Con la balada “Uncertainty” llegó el aroma al mejor soul de los 60 y, acercándose al final, redondearon con temas como la vuelta al funk-rock más pegajoso de “Round And Round” y “Between The Mustard And The Mayo” o al del más grasiento y canalla James Brown con “Ain't It Funky Now”.
Como postre, se reservaban una de las composiciones más conocidas de la noche, la sensual versión de “Careless Whisper”, famosa canción de George Michael. Compuesta por Michael y su antiguo compañero de Wham!, Andrew Ridgeley, ha sido versionada con desigual fortuna por artistas como Jennifer López, Kenny G o Richard Clayderman. Ante ese panorama, la emocionante revisión del trio de Delvon Lamarr sonó a gloria bendita, llevándose a su terreno esa balada de origen británico y sabiendo mantener y aumentar el toque soul que el original ya escondía.
La noche, tras todo un vendaval sonoro, terminó con esa dulzura y sensibilidad, dejando un buen sabor de boca, con una excelente calidad en el sonido y el estreno de un estupendo neón con el logo de Almerijazz, que a mí me recuerda mucho al del añorado programa Jazz Entre Amigos.
Preparados ya para el siguiente concierto, nada menos que con el saxofonista norteamericano Bobby Watson y la Big Band de Clasijazz.