En el Apolo comenzaron Benavent, Di Geraldo y Pardo. No era la primera vez, pero es la típica formación que atesora tanta calidad que no importa que repitan de cuando en cuando. Al día siguiente, Groove 4U, almerienses al 75%, que contaba con Diego Cruz en la voz, Paco Rivas en la guitarra, Alejandro Vaquerizo al bajo y Javier Gómez en la batería, abrieron las veladas de forma oficial, demostrando un gran nivel. Nuevamente fue una jornada para el recuerdo y homenaje al querido Serafín Cid.
La intimidad del pequeño teatro almeriense también sirvió, y creo que muy adecuadamente, al magnífico concierto de Ron Carter Foursight, que nos proporcionó una magnífica ocasión para poder ver, y muy de cerca, la enorme calidad de un contrabajista que es un icono del jazz moderno, y me remito a sus grabaciones con Miles, solo como un ejemplo. Salimos todos extasiados aquella noche del 10 de noviembre.
El resto de conciertos se celebraron ya en el gran escenario del Maestro Padilla, comenzando por toda una diva, la pianista brasileña Eliane Elias.
Aún me sigo preguntando a que lumbrera se le ocurrió pensar que Marlango era una banda que tenía algo que ver con el jazz. Esta formación, liderada por la actriz Leonor Watling, se convirtió en aquellos años en habitual de los festivales de este estilo musical. Y el de Almería no se libró.
Tras esa anomalía, todo se arregló unos días después con tres eminencias en esto de la música improvisada, el batería Jack DeJohnette, el organista Larry Goldings y el guitarrista John Scofield con un concierto dedicado a la figura de otro grande, compañero de Carter en el segundo gran quinteto de Miles: Tony Williams. El jazz que sonó esa noche en Almería no tiene precio.
El festival se cerró con eso que llaman ‘tercera corriente’ —mezclar música clásica con jazz, para entendernos— en manos de uno de sus maestros, el francés Jacques Loussier. Sus trabajadísimos arreglos sobre piezas de Bach dejaron muy buen sabor de boca.
Seguíamos manteniéndonos en un buen nivel, sin lugar a dudas.